El conserje que hizo de la holgazanería un arte
LolaSinfiltro
あらすじ
¿Alguna vez has soñado con un trabajo estable, tranquilo, sin estrés y donde no te pidan nada? ¿Un lugar donde puedas tomar café, dormir la siesta, quejarte sin motivo y, si te apetece, fingir que trabajas mientras paseas con una carpeta vacía bajo el brazo? Pues ese paraíso laboral existe. Se llama conserjería de instituto Las tres Cruces, y sus tres reyes indiscutibles son Manolo, Nerea y Paula. Este libro no va de héroes. Va de gandules profesionales, de artistas del escaqueo, de filósofos de la vagancia. De gente que ha hecho del "ya voy" una filosofía de vida. Y entre ellos, brilla una figura inigualable: Manolo, un conserje de casi 60 años que lleva más tiempo sin mover una mesa que el mobiliario escolar en verano. Aquí no encontrarás historias de superación, ni ejemplos de productividad, ni consejos para alcanzar el éxito. Lo que sí encontrarás son simulacros que no se hacen o bajas por estrés conserjil. "El conserje que hizo de la holgazanería un arte" es una oda a los que viven al margen del esfuerzo, un homenaje a la cara B del funcionariado, y una sátira desternillante de los que se creen imprescindibles... mientras todos suspiran aliviados cuando por fin se van. Prepárate para reírte a carcajadas, para querer llamar al instituto a ver si todavía sigue allí, para imaginarte la carpeta vacía, los ronquidos en la sala de profesores y ese donut que cambió el destino de un hombre... y quizás de todo un centro educativo. Bienvenido a la historia de Manolo. No esperes acción. No esperes evolución. Pero eso sí espera risas, absurdos y una buena dosis de mala leche. Manolo lleva 59 años sin prisa. Nació con parsimonia y aún no ha encontrado motivo para acelerarse. Cuando habla, parece que las palabras le pesan en la lengua. Si hay algo que detesta más que trabajar es el esfuerzo emocional de tener pareja. "Tener novia es como tener un segundo jefe", dice, mientras pela con desgana un plátano sentado en su trono de conserjería. Vive con su madre, la señora Asunción, de 93 años, que aún le plancha los calzoncillos y le deja el bocadillo de chorizo envuelto en papel de aluminio encima del microondas. Su lema vital es claro: "si puedes evitarlo, ni lo pienses". Ha llegado a fingir una cojera para evitar mover una silla de ruedas vacía. Tiene una habilidad pasmosa para desaparecer cuando más se le necesita. Cuando alguien le pregunta "¿has visto a Manolo?", la respuesta habitual es: "Estaba aquí hace un momento... o eso parecía".





