En este tercer Tomo de Espejos Distorsionados, Waters ha hecho una promesa que va a cumplir, aunque eso implique desmantelar el ejército que tan celosamente ha logrado reunir. Para traer a alguien del otro mundo, tiene que ir a buscarle al otro mundo, y debe valerse de todos para conseguirlo. En los rumbos de El Purgatorio, no hay forma de evitar toparse con partidarios y detractores, y también con que nada ni nadie, son lo que parecen, ni siquiera lo que creen saber de si mismos.