“Yo, que hasta ese entonces vivía entre libros, me convertí e n el narrador de s u sonrisa eterna, d e su aliento cálido y s u voz serena, mientras las palabas, que para mí no son pala- bras sin ella, me inundaron, me poseyeron, me dominaron hasta que al fin las pude devolver sobre el papel y de esta manera entregárselas a ustedes y a ella, que está allí afuera, en algún lugar entre el mar y la arena”