Wolfert Webber o los sueños dorados
WashingtonIrving
あらすじ
Si no tenía una gran familia que le precediera, era probable que le siguiera una bastante numerosa, pues bastaba verle para comprender que estaba destinado a ser el fundador de una raza de gigantes.Poco a poco este visitante llegó a ser un íntimo de la familia. Hablaba muy poco, pero se pasaba sentado mucho tiempo. Llenaba la pipa del viejo Webber, cuando estaba vacía, recogía las agujas o la lana de la madre, cuando se habían caído, y llenaba la tetera para la hija con el contenido de la caldera de cobre que silbaba encima del fuego. Todas estas pequeñas muestras de habilidad parecen carecer de importancia, pero cuando se traduce el amor al flamenco o al holandés, se expresa entonces la elocuencia misma. La familia Webber no dejó de notarlo. El joven encontró maravilloso favor a los ojos de la madre; la caldera de cobre parecía silbar una agradable nota de bienvenida en cuanto él se acercaba; y si pudiésemos leer las modestas miradas de la hija, mientras estaba sentada cosiendo al lado de su madre, no observaríamos un ápice menos de buena voluntad que en la autora de sus días o en la caldera.