あらすじ
Divertido es ver el reflejo de uno mismo pasar idéntico en los flancos del tren a toda velocidad y no poder sacar ninguna conclusión de la metáfora, del hecho de que ahí estás, sostenido por la velocidad del hierro y el cristal y la luz reflejándose dentro de los vagones, tu rostro dependiente de otros rostros y cuerpos donde vos -tu reflejo- yace y vuelve a nacer en decenas de risas, soledades, parejas intercalándose en el intento por cerrar las valijas y comenzar a descender para que vos tomes su lugar. La palabra noruega para “momento” es øyeblikk, literalmente, una mirada. * La palabra ruina proviene del verbo latino ruere (derrumbarse, desplomarse, precipitarse, caer). Habitar las ruinas no es más que sucumbir ante el pasado. Sucumbir en el pasado. Es dejarnos caer en los pormenores de nuestra historia. Las ruinas; fragmentos difusos, memorias inconexas, pero jamás inocentes, se hacen carne en el presente de diversas maneras y por diferentes motivos. Los personajes de esta edición están en una búsqueda constante de aquel pasado perdido. Pasado ídilico, edulcurado por el paso del tiempo. Para lograr llegar a él, se adentrarán en distintos tipos de viajes. Viajes a través de geografías lejanas, a veces conocidas y otras no. Viajes a través del lenguaje, de las palabras y de las traducciones. Porque, ¿acaso aprender un idioma o intentar comprender una lengua desconocida no es lo mismo que intentar descifrar algo roto en nuestra identidad? Vamos en busca de aquello que nos falta, de aquello que hemos perdido. Roberto Elvira Matthez, a través de una magistral prosa poética, demuestra, una vez más, que emprender un viaje, una traducción o aprender un idioma son empresas que comienzan con un único objetivo: conjurar el pasado y comprender la propia esencia.