あらすじ
Ésta es una historia de amor envuelta por la furia del mar y de los vientos aullantes de pasión, desesperanza y dolor, un dolor que no se soporta, pues le han arrancado el corazón. El fuego interior de su alma, los fantasmas y los espíritus, llevan a Emiliano a la muerte corporal, pero también lo transforman en una deidad, un hombre que nunca muere, que se da a la tarea de buscar el amor donde las mariposas revolotean entre las llamas de la pasión excitante, sexual, que vibra del cerebro al corazón. Las fantasías están en su mente y las realidades en su cuerpo sediento de placeres mundanos, tiernos y sublimes. El pudor hacia la intimidad a veces lo hace sentir vergüenza por manifestar su erotismo a flor de piel. Las sensaciones de sus partes íntimas lo hacen temblar, aunque cree que es algo nuevo, ya lo vivió en un pasado lejano. Las pasiones y los deseos lo llaman a hacer el amor, quizá salvaje pero también tierno, hacia un sexo desmedido, a la creación de la vida, una vida que continúa y guarda en lo más profundo de su genética y su ser. Aunque con timidez lo ocultamos como si nos avergonzara, la sexualidad es parte de nuestra propia existencia, deja que las experiencias salgan del pasado, y vível-as ahora que son tu presente. Nuestro cuerpo siempre nos recordará que llegamos a este mundo por el placer y no importa el tiempo de la existencia terrenal, pues el pasado eterno renacerá siempre, siempre estará ahí. Tu deseo sexual y tu pasión ardiente, siempre y por siempre, aflorarán en tu cere-bro, dando órdenes a tu cuerpo para actuar, mirar, sentir la pasión y acariciar la tersura de otras pieles ardientes, sin importar el color. No te niegues el derecho que te da Dios, o el diablo, para vivir y entrelazar brazos y piernas, penetrando esas partes sexuales, con movimientos excitantes que humedecen los cuerpos una y otra vez. Con los movimientos de otro ser, estremécete con ternura y placer sublime, para llegar al cielo con una mirada extraviada, ahí donde los vientos chocan formando huracanes y se cruzan con el placer. Las nubes lloran, el alma se desnuda y las sábanas cambian de color cubriendo cuerpos ardientes, cobijados con el sol desde el amanecer hasta el anochecer. Al terminar ese ciclo, en el más allá, detrás del rostro de una mujer, después de la muerte, descubrirás que La muerte tiene cara de mujer.