Hace mucho tiempo que sobre muchos de los fenómenos que configuran la condición actual, llueven apocalípticos e integrados: los unos, aterrados por esa suerte de débito que acosa inexorablemente las maltrechas identidades y subjetividades; los otros, felices al constatar como esos procesos acelerados de integración?a todos los niveles? conducen hacia experiencias de globalización que, ancladas en los avances y desarrollos tele tecnológicos, parecen borrar todas las fronteras de los particularismos, es decir todos los obstáculos atávicos que imposibilitan la realización y la concreción del ideal comunitario por excelencia.